- Mayo 2013-
Quisiera morir el día
que no esté condicionado por su nombre.
Un día cualquiera en
que dejé morirme en sus ojos para entregarme al naufragio infinito.
El continente desconocido cubrirá otoños invernales de hogares desvanecidos-
Escuálidas, sin estructuras ni encanto, las primaveras
quedaron desfallecidas en balcones decapitados.
No habrá más palabras que el sin fin de las manos que
tocan melodías subterráneas.
No habrá más temor que la habitación vacía de amores de
juventud.
Las maletas empacadas recuerdan que algún día huiré del
jardín desconocido.
Quisiera morir el día
que no tenga tiempo pasado,
Un día silencioso que
haga olvidar la vida de películas lejanas.
Ya no recuerdo su nombre ni su sueño de muchacha-
Dos hombres la vieron huir por la estación- arrastrándose
con su alma, olvidándose de amar entre melodías terrenales.
Es el temor que atormenta a la vejez y a los hogares inciertos.
Ella sólo quiere el mar, el viento y la música clásica para
bailar sobre continentes desconocidos en
sueños de almohadas vecinas.
Ella sólo quiere pasear entre rostros infinitos y desayunar
sobre caricias de manos inciertas.